La salud mental es mucho más importante de lo que nos han hecho creer. La salud mental nos sostiene y nos ayuda a (sobre)vivir. Cuando la salud mental escasea es fácil perder las ganas de todo. ¿Cómo encontrar esas ganas, esa motivación, esa pasión, cuando ni siquiera puedes levantarte de la cama sin llorar?

Tengo un trastorno distímico. Esto quiere decir, muy a grandes rasgos, que llevo conviviendo con la depresión desde una edad muy (demasiado) temprana y que, de momento, no hay una cura cercana. Es una forma de depresión continua y a largo plazo. Aunque esto no quiere decir que se viva todos los días con la misma intensidad, la depresión está ahí y se hace urgente y necesario entender qué te pasa para poder seguir adelante.

Por todes es sabido que la salud mental y la salud pública en general está desatendida. La gente que a pesar de tener algún problema de salud mental tenemos que seguir con nuestra vida lo tenemos difícil en un entorno que no entiende bien dicha problemática. Si se suma a otras enfermedades, condiciones o comorbilidades, a veces, ir a trabajar se hace un mundo. Un mundo distópico en plan mal. Los juegos del hambre cobran vida.

A pesar de todo lo anterior, cuando por fin logro llegar al cole, dejar las cosas y respirar un segundo, cuando suena la música, cuando el alumnado va ocupando sus clases, van sacando las cosas y demás, consigo, no sé muy bien cómo, recomponerme lo máximo posible y dar lo máximo que puedo cada día.

Mi alumnado no se merece menos.

La llamada.

Antes de irnos de vacaciones, el equipo directivo preparó una actividad cooperativa con todo el profesorado. Una de las preguntas era cómo vemos el cole, hacia dónde queremos ir… pero la pregunta que más me motivó fue la que decía algo así como que cuándo decidiste, y por qué, dedicarte a la docencia.

En mi caso nunca hubo otra opción. Desde que tengo uso de razón recuerdo querer ser profe. Hubo un par de días que quise serlo de educación física, pero eso, un par de días. Nunca tuve un plan b. Nunca pensé en otra cosa.

No sé si es vocación, teniendo en cuenta que la vocación suena a una llamada espiritual que no encaja demasiado con mi visión del mundo. Pero si no es vocación, no sé cómo llamarlo. Quizás pasión, interés, motivación o lo que sea. La chispa, la llama, las ganas.

Vale, estamos de acuerdo que mi caso no es lo más habitual porque yo me lo paso en grande en el colegio y estoy mejor dentro que fuera, casi. Pero lo consigo. Consigo pasar el día centrade en mi trabajo que a la vez es mi pasión. Consigo hacer que cada día sea un poco especial, aunque no lo consigo yo, lo hace mi alumnado…

Da igual.

Defender la alegría como una trinchera.

Mi deseo para este 2022 es alegría.

Hemos escuchado mucho ya esto de defender la alegría, que no nos quiten lo único que nos sostiene en pie. Para una persona tremendamente pesimista y asustada como yo, decir esto suena a magufada, a coaching, a mentira.

Pero estoy plenamente convencide de que podemos hacerlo. Podemos conseguir que los centros escolares sean lugares alegres, vivos, en constante crecimiento, donde las relaciones entre escuela, familias y alumnado sean de vínculos fuertes y no «versus». Donde el propio claustro sea capaz de entender la importancia del cambio y vayamos hacia ese cambio, hacia ese horizonte en el que nuestro trabajo sea una tortura capitalista, sí, pero también un reducto de resistencia donde las criaturas sigan siendo niñes y donde las personas adultas podamos volver a creer en la magia y la ilusión de esas edades.

No. No sé cómo hacerlo.

No sé cómo convencerte de que nuestro trabajo es el mejor del mundo. No sé cómo hacerte ver y creer que tenemos un curro donde podemos expandir nuestras mentes para expandir horizontes, ampliar márgenes y crecer. Todes.

No sé cómo recordarte que a pesar de la burocracia, de las exigencias estúpidas, de las ratios inabarcables, del virus, de los recortes… tenemos margen para actuar. Tenemos margen para investigar, pensar y repensar y poner en marcha.

«Si no se puede bailar no es mi revolución» decía Emma Goldman y con ella me encontraréis, bailando. Llevando a cabo una revolución lenta y silenciosa. Si somos más, podemos hacer más ruido y bailar más. Podemos intentarlo.

Mi deseo para el 2022 es que todes recibamos un poco de esa pasión, de esa llama, de esas ganas de formar parte de algo más grande.

Aunque pueda parecerlo, nuestro trabajo no se trata de ayudar a los demás, se trata de ayudarnos todes.

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Ira-René

Soy profe de educación infantil, primaria, inglés, pero lo que más me interesa es explorar la identidad y prevenir el acoso escolar. Entiendo la educación como un proceso que no termina nunca.

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