¿Quién parte y reparte la jornada escolar?

En muchos centros educativos de infantil y primaria de la Comunidad de Madrid se debate/ vota casi cada año la jornada escolar. Se vota entre jornada partida y jornada continua. Sin embargo, ese debate es tan simplón que se convierte en una guerra de bandos, entre quienes quieren hacerlo del tirón o quienes prefieren que la hora de la comida divida la jornada entre dos. 

Esta situación se debe a la libertad de los centros para organizar la jornada escolar. 

http://www.bocm.es/boletin/CM_Orden_BOCM/2013/01/15/BOCM-20130115-11.PDF

El equipo directivo escucha al profesorado y de ahí, se presenta al Consejo Escolar. Esto todos los años antes del 1 de marzo. Cuando hay diferencias de opiniones, se convierte en una batalla que, simplificando mucho, enfrenta a docentes y familias. 

A pesar de que no hay una fórmula mágica y tanto la jornada continua como la partida tienen ventajas e inconvenientes, los argumentos se traducen en el bienestar personal del adulto, sin pararnos a pensar en el bienestar del alumnado/ criaturas. 

Desde el punto de vista del profesorado, la opción de dar todas las clases seguidas e irte a comer a tu casa es muy apetecible. Desde el punto de vista de las familias, que den de comer ya a las criaturas, también. Y sin embargo esas no deberían ser las razones principales para formarse una opinión sobre un tema que parece tan baladí pero no lo es. 

Jornada continua.

Este modelo de estructura organizativa desarrolla todas las sesiones seguidas, teniendo un recreo entre medias y saliendo a comer alrededor de las 14:00. Para empezar, quizás no deberíamos organizar exactamente igual los niveles de infantil y primaria porque las necesidades del alumnado no son las mismas; es entendible que tener a criaturas de entre 3 y 6 años sin comer hasta las 2 de la tarde no es lo más saludable para elles, por lo tanto, aquí encontramos la primera trampa. Sin embargo, no podemos negar que se trabaja mucho mejor cuando la jornada es continua, pues evitamos el tan temido comedor y sus peculiaridades. 

El comedor. 

Actualmente el tiempo de comedor es el tiempo en el que el profesorado cumple con su hora de trabajo sin alumnes, conocidas como “extraordinarias” y, cuando (y si) termina, come. Se pueden realizar antes o después de la jornada con el alumnado y entremedias, como en muchos centros de jornada partida. En cualquier caso, es tiempo que no se está con la clase pero se sigue trabajando. 

En ese momento de comedor, el alumnado se transforma en pequeños devora-patatas-fritas-escupe-pescado-no-me-gusta-la-fruta.  Not all children, por supuesto. 

El caso es que cuando el profesorado con la tripa llena y los dientes a medio lavar recoge a su clase que parece otra, sus adorades pequeñines se han transformado en gritadores profesionales. El nivel de voz haría sonrojar hasta a los semáforos medidores de volumen de voz. Aunque por lo general suelen ser gritos de mira-lo-que-he-comido lo trending es niñe1-me-ha-pegado o niñe2-me-ha-quitado-esa-pequeña-piedra-completamente-igual-al-resto-de-las-que-hay-en-el-patio.

Cuando se consigue llegar a clase y nos sentamos a escucharnos, han pasado 10 minutos fijo. Y le profe, con su mejor intención pregunta (error, gran error) ¿y qué ha dicho le profe del comedor? y ahí vuelve a explotar todo. Y es que les monitores de comedor no dan a basto. 

Quizás sería muy interesante plantearnos cómo están organizados los comedores escolares y quiénes y cómo se encargan de ello. 

Jornada partida.

Debido al intensísimo nivel de actividad del comedor, las clases de después de comer suelen ser infernales, navegando entre el sopor o el nerviosismo, y entre unas cosas y otras… se pierde todo. 

¿Y entonces qué hacemos?

Ni una ni otra solución resolverían de verdad el verdadero problema de la educación, que compartimenta las asignaturas en minucias de tiempo, que no escucha a las necesidades básicas del alumnado y que se sigue pensando como un espacio donde tener a las criaturas hasta que puedan ir a buscarlas, en lugar del espacio de aprendizaje y (con)vivencias que es. 

Me puedo imaginar varios escenarios a partir de todo esto, y uno que no me desagrada es jornada partida pero que después de comer podamos realizar actividades que no supongan un aburrimiento ya que la atención no es la misma después de comer por mucho que lo pretendamos. Meter una asignatura de teoría a esas horas es ridículo, no se aprovechan. Sin embargo… con la iglesia hemos topado. Y es que los horarios de la escuela pública de la CAM se establecen en función de la religión. Y de ahí en adelante. Y si después de comer tienes lengua, matemáticas… te aguantas. Pero no solo se aguanta el profesorado, no, también el alumnado, que es quien, en última instancia, sufre todo en sus espaldas, cargadas de pesadas mochilas. 

En mi opinión y debido a mi experiencia previa, una de las soluciones que más me gustan es jornada partida, comiendo con el alumnado y seguir creciendo y compartiendo momentos, como ya se hacía en la República. Las misiones pedagógicas se encargaron de dotar a la educación y a la escuela pública de dignidad y de innovación. Al volver al aula, organizar las sesiones como mejor nos convengan. Pero no, no está pagado. 

Conclusión. 

Da igual. 

Actualmente los horarios de las jornadas no hacen más que enmascarar el problema del sistema educativo actual, que sigue teniendo estructura de fábrica, que no tiene en cuenta a las criaturas y que no permite al profesorado desarrollarse más libremente. 

Supongo que para empezar bien, habría que dar el paso de sacar la religión de las escuelas, pero no sé por qué todavía nadie le ha puesto el cascabel al gato, que tiempo han tenido. 

Para continuar, permitir a los centros una organización más flexible que nos permita desarrollar los proyectos con los que realmente se consiguen aprendizajes significativos. 

Por último, y no por ello menos importante, al revés, unos programas de comedor mucho mejor organizados, con formación y ratios adecuadas, porque está muy bien pedir comida sana, pero un buen trato, escucha y espacios seguros quizás corran más prisa.

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