Peter Pan, Wendy y Campanilla.

Rescato, animada por las bonitas palabras de Paloma Tosar en el curso de coeducación de Ágora Feminsta, algo que escribí hace unos años sobre Peter Pan, Wendy y Campanilla. 

«Peter Pan y Wendy es una bonita historia de amistad, amor, familia e imaginación, aventuras fantásticas… y un terrible miedo a crecer de Peter Pan. Ése es el epicentro de la historia. Si hubiera sido un chico más responsable, no se habría colado en la habitación de una jovencita a darle polvitos de hada.

Esta particular historia comienza cuando la traviesa sombra de Peter Pan se cuela en la habitación de Wendy una noche de invierno. 

Y ya lo tenemos: chico conoce chica. 

Peter conoce a Wendy. 

El personaje masculino, activo, aventurero y, por qué no decirlo, con un gran encanto, conoce al personaje femenino, una pequeña  pre- adolescente, pasiva, con un (hiper) desarrollado instinto maternal que vive para cuidar a todo el mundo y que siempre actúa como se supone que tiene que actuar, haciendo lo que todo el mundo espera de ella. 

Pobre de ella si no se encarga de sus hermanos, pobre de ella si no atiende a su padre, pobre de ella si no aprende a hacer las cositas de la casa como su madre…pobre de ella…

Y ya tenemos las bases para sentar una relación sana y duradera… pero mal.

En un lado del ring tenemos a Peter, un niño rebelde, muy inmaduro emocionalmente, al que sólo le gusta vivir aventuras. Un vividor (follador) que diríamos ahora. Dan Kinley estudió este comportamiento, llamado el Síndrome de Peter Pan, aplicado a aquellos hombres que no quieren crecer y que no tienen pensado, por lo menos en un corto- medio plazo de tiempo, aceptar responsabilidades. 

En el otro lado del cuadrilátero, tenemos a Wendy, una pre-adolescente con comportamientos de adulta exigidos por su padre, el señor Darling, otro característico personaje masculino, un hombre de negocios que antepone su trabajo a su familia. Y su madre, la señora Darling, sacrificada ama de casa que siempre cuida de su familia y su marido. 

¡¡Ding, ding!! ¡empieza el combate!

Wendy quiere ser tan buena madre y esposa como su propia madre, incluso hay un término en psicología que describe este concepto: el síndrome de Wendy. En sus estudios, Jaime Lira explica que son, en su mayoría, mujeres que quieren ser aceptadas por sus parejas, son inseguras y tienen tanto miedo al rechazo que actúan más como madres que como parejas, reforzando así la inmadurez del hombre. 

Está claro que si hay un Peter Pan, tiene que haber una Wendy que permita ese comportamiento, dos Peter Pan en una  pareja sólo puede traer consecuencias desastrosas: 

“-¿Cariño, de quién es ese Jaguar que hay en el garaje? 

-¿No es tuyo? 

-No, creí que era tuyo. Ayer nos  pasamos con el confeti”.

Fin del combate. 

Wendy está KO. 

Atender a un niñato que ya tiene canas es agotador. Sin embargo, Wendy no es el único personaje femenino enormemente estereotipado, porque hay una pequeña  personita de la que todavía no hemos hablado… ¿No echáis de menos a alguien? Un pequeño ser lleno de celos y envidia que es capaz de traicionar a Wendy y entregársela al Capitán Garfio: ¡¡Campanilla!!

Porque una cosa es la monada de hada que Disney nos  pintó en la peli, y otra muy distinta es el ser malvado y manipulador que convivía con Peter en el cuento. No es una mera coincidencia que el personaje que encarne estos sentimientos sea femenino, desde tiempos inmemoriales, (véase… la Biblia, cualquier pasaje mitológico griego o romano, o cualquier otro libro de esos tiempos inmemoriales)… e incluso, todavía hoy, son las mujeres a quienes se nos asocia con esos sentimientos negativos de celos, envidia, odio, poner zancadillas a otras mujeres en batallas de amor imaginarias… 

Actualmente, la psicóloga Silvie Trenebaum explica el síndrome de Campanilla: mujeres exitosas en el trabajo, fuertes, independientes, que tienen una excelente carrera profesional, pero que no son capaces de llevar relaciones satisfactorias con los hombres. Son duras y exigentes con ellos, consideran que casi nunca están a su altura, pretenden cambiar a Peter Pan  porque ellas lo valen, y no sólo eso, estas pequeñas Campanillas son competitivas y terriblemente dañinas con otras mujeres a las que pueden considerar rivales de una u otra manera.

Todo el mundo utilizamos estos cuentos para entretener a nuestros pequeños, pero viendo cómo están de equilibraditos estos personajes, últimamente me da miedo. Casi puedes encontrar más coherencia en la Super Pop, (casi, vuelve a dejar esa revista en el kiosko).

Todos los síndromes asociados a los personajes que han salido a la luz me llevan a preguntarme si el genial James M. Barrie, cuando escribió la historia, sólo estaba haciendo una eficiente radiografía de la sociedad que le tocó vivir o estos libros hacen que nos reafirmemos más en los roles de género que nos son impuestos. ¿Actuamos como lo hacemos porque los cuentos que nos contaban nuestros padres antes de dormir alimentaban esos papeles o el autor nos intentó abrir los ojos para desencorsetarnos de dichos  papeles? Lo que está claro es que “Peter Pan en el país de Nunca Jamás” tiene una tasa tan alta de personajes con disfunciones que casi podría haberse titulado “Peter Pan en el País de Los Renglones Torcidos de Dios”…


Y añado, a lo que salió publicado en La Llanura, por el año 2015, que un poquito de feminismo y sororidad en la vida de Wendy y Campanilla, les habría dado mucha más felicidad, se habrían abrazado, habrían entendido que el patriarcado era el origen de todos sus males y se habrían tomado unas copas con los piratas. 

Y todo sería mucho más sano. 

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