El libro de la editorial Levanta fuego (antes Antipersona) llamado Curar y cuidar, vínculos terapéuticos en la baja Edad Media, y escrito por Montserrat Cabré y Fernando Salmón, me lleva a una serie de reflexiones que quiero, en primer lugar, ser capaz de articular de forma coherente, y en segundo lugar, compartir todes para comprobar si esas reflexiones pueden ayudarnos en nuestra práctica docente o, en realidad, en la práctica de la vida.

Cuando me empecé a leer este libro lo hice por intentar conocer un poco más acerca de la salud y los cuidados de tiempos anteriores, quizás movide por la falta de cuidados actuales en una enfermedad como la fibromialgia. Quizás es eso, tener una enfermedad de determinadas características hace que tus experiencias vitales, y por supuesto, tus lecturas, giren un poco en torno a esa parte que también es salud, y que falla estrepitosamente: los cuidados.

Ya el título del libro tiene una expresión que me llamó la atención y es «vínculos terapéuticos», que suena a que te curan pero te cuidan también, que al fin y al cabo, insisto, es el título del libro: Curar y cuidar. Sin embargo, cuando no te pueden curar pero tampoco te cuidan, el sentimiento de desesperación es demasiado grande.

Y sin embargo, lo que más me ha llegado del libro no es otra cosa que aquellas directrices que quizás puedan servirnos para nuestro día a día en el aula.

No se trata de un resumen del libro, se trata de una serie reflexiones a partir de la lectura del mismo. ¿Os animáis?

«(…) la antropología de la medicina nos ha mostrado que las expectativas y las emociones juegan un papel fundamental en cualquier relación terapéutica (…) la centralidad de la relación y del vínculo humano que se produce entre quien busca ayuda y quien puede proveerla».

No hay duda de que el tipo de relaciones que establecemos va a influir en el objetivo de esas relaciones: médique-paciente sí, pero también profe-alumne. El proceso de enseñanza-aprendizaje no es una relación terapéutica per se, pero requiere de también de un vínculo que en muchas ocasiones preferimos obviar.

«Aquellos que tuvieron a su cargo la educación médica universitaria en los siglos XIII y XIV entendieron que una parte central de la práctica médica consistía en ganarse la confianza del paciente. De la confianza derivaría la obediencia (…)»

Cuando hablamos de las criaturas en el cole destacamos (todes, yo también) si son obedientes o no. Y ha llegado el momento de ser honestes y de entender que la obediencia sin cuestionamiento no existe o al menos, no deberíamos educar así. Obedecer sin más choca de frente con aquello del pensamiento crítico que queremos despertar en el alumnado, pero hay más: cuando un doctore se gana la confianza del paciente el tratamiento o el proceso mejora. Quizás, si tratamos al alumnado como personas y nos ganamos su confianza, es posible que nos hagan más caso y se lancen de lleno con nosotres en el aula, porque confían en nosotres.

Obedecer sin más choca de frente con aquello del pensamiento crítico que queremos despertar en el alumnado, pero hay más: cuando un doctore se gana la confianza del paciente, el tratamiento o el proceso mejora. Quizás, si tratamos al alumnado como personas y nos ganamos su confianza, es posible que nos hagan más caso y se lancen de lleno con nosotres en el aula, porque confían en nosotres.

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«Según Taddeo, la confianza funcionaba por dos razones que podían ser complementarias. Por un lado, el paciente que confía en su médico sigue sus indicaciones con mayor precisión, lo que facilita su recuperación. (…) Por otro lado, explicó que la la confianza y la esperanza ayudaban a la naturaleza a luchar contra la enfermedad de la misma manera que el abandono de la esperanza tenía un efecto contrario.»

No se trata de creer que confiar en le médique vaya a curar, pero es indiscutible que la confianza hace que la relación sea más fluida y se pueda llevar a cabo un proceso (de enseñanza-aprendizaje también, por qué no) más adecuado. Cuando nos quedamos sin esperanzas y tiramos la toalla, estamos perdiendo (une médique, al paciente, une profe, al alumne. Y no estamos para perder a nadie).

Speculum medicine, los accidentes del alma.

Arnau de Vilanova, entre 1308-1309 explicó en su Speculum medicine que «las emociones eran responsables de movimientos corporales tales como el sonrojo facial, o, incluso, la muerte súbita». Arnau afirmaba que «a través de la razón (junto con la fantasía y la memoria, una de las tres capacidades mentales), la mente juzgaba un objeto externo o interno de manera positiva o negativa. La especia de la imagen creada en la mente actuaba sobre un componente corporal invisible, el espíritu vital, responsable del calor radical alojado en el corazón. La acción podía ser positiva, generando calor, o negativa, produciendo frío, y esta alteración cualitativa produciría la contracción o la dilatación del corazón, que intentaría compensar el cambio. (…) La única emoción considerada de manera unánime como positiva fue la alegría. Una alegría moderada ponía en movimiento el calor y el espíritu vital cardiacos, expandía el corazón, lo refrigeraba y este movimiento era beneficioso para todo el organismo, pues permitía el desarrollo adecuado de todos sus componentes.»

No hablamos aquí de magia u oraciones, si no de establecer relaciones de calidad con la gente con la que nos encontramos a diario, con les pacientes, con el alumnado, con esas personas con las que trabajamos o convivimos.

Se trata también de prestar atención a las emociones del resto para poder empatizar y seguir nuestra labor a partir de ahí.

Se trata, en todo caso, de tratar al alumnado con el cariño y respeto que merecen por el mero hecho de ser personas.

Se trata, quizás, de quitarnos nuestros zapatos para intentar calzar los de otres, aunque sean zapatillas de colores y luces en lugar de nuestros aburridos zapatos de «mayores».

Con esta entrada simplemente quiero explicar a quien quiera escuchar que tratar al resto de personas con el respeto que merecen, hace que las clases, en el caso que me ocupa a mí, marchen mucho mejor. Porque cuando hay sentimientos puros, cuando hay alegría, como decía Arnau de Vilanova en la Edad Media, un poco de alegría nos mueve por dentro y hace que todo sea mejor, incluso las clases.

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Ira-René

Soy profe de educación infantil, primaria, inglés, pero lo que más me interesa es explorar la identidad y prevenir el acoso escolar. Entiendo la educación como un proceso que no termina nunca.

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