Zapping Fénix, caída y resurgimiento de dos imperios.

Y es que si de prensa del corazón hablamos, las sagas Pantoja y Jurado son pilares fundamentales de nuestro papel cuché. Durante años se ha tenido una versión sobre dos de los personajes más famosos de las revistas, Paquirrín y Rociíto, pero desde hace unos meses, han dado un giro radical a sus vidas y esa imagen se ha visto alterada.

Antes de empezar es necesario que pida perdón.

Mi teoría durante años era que los hijos se estaban encargando de cargarse sus respectivos imperios, Paquirrín y Rociíto eran irresponsables, fiesteros, escandalosos… pero detrás (o delante) de esa imagen que proyectaba se encontraban rodeados de sus familias, de sus «matriarcas», en las revistas nos enseñaban sus idílicas familias.

Cuando Rocío Jurado murió, el desastre se precipitó, no así el de Isabel Pantoja que está viendo desde hace meses cómo su «pequeño del alma» no quiere verla ni en pintura: firmas de hipotecas, deudas, rencillas… nadie podría imaginar que detrás de sus blancas sonrisas, vivían en tremendos infiernos.

Imagen sacada de Diez Minutos

El infierno de Rociíto es distinto, no es su madre la del lío, si no su expareja y sus hijos. Rocío lleva años diciendo sin decir en público, y denunciando en los juzgados, el maltrato continuado que sufre por parte de su ex AntonioDa y su hija, Rocío Flores.

Y pido perdón porque ambos, Paqurrín y Rociíto, cada uno en su estilo particular, han resurgido y han dado la vuelta al mundo rosa. No se habían cargado sus imperios, estaban esperando el momento para resurgir como aves Fénix y levantar, de sus propias cenizas, su propio camino, su propio imperio. Una nueva era se abre.

Lo que no cambia es el juicio mediático, social, moral… que están haciendo de ellos.

Malos hijos, malos padres, mala gente.

No falla. Cuando alguien se planta, pone límites, se cansa de sufrir abusos en silencio y alza la voz, pasa a ser culpable. De qué ya se verá después, primero la letra escarlata, primero el mal hijo, primero la mala madre.

Y es que el principal problema de estos (y otros tantos casos) es la sacralización que se hacen de las relaciones materno/paterno filiales sin dejarnos reflexionar acerca de ellas. Como es tu madre, tu padre, tu hije… has de quererlos de forma incondicional, a pesar de todo.

Y cuando alguien dice hasta aquí, se cambian los roles de relación y casi inevitablemente se coloca en posición «supervillane».

Paquirrín es mal hijo por decir que su madre lo ha engañado, lo ha tratado mal y no se ha preocupado realmente por sus problemas de salud (adicciones). Rociíto es mala madre por dejar ir a sus hijos con el padre. Ella, que según sus propias palabras, ha vivido aterrorizada, es mala madre por intentar poner fin al maltrato continuado.

A nadie le extraña el juicio mediático, sería absurdo negar o evitar algo que, por hacerse a vista de todes, está en boca de todes. Pero sí es necesario resaltar varios puntos sobre el tema.

-Quizás lo más importante sea, como resalta Andrea Liba que el Síndrome de alienación parental no existe

Artículo de Andrea Liba en Píkara Magazine.

-Una persona en una situación de maltrato necesita hacer lo que sea para seguir adelante. La decisión de Rociíto no creo que haya sido gratuita; dejar ir a tus hijos por tu bien y por el suyo es de todo, menos de mala madre.

-La presión a la que han sido sometidos ambos, instados no solo a demostrar «su» verdad, si no a recibir todo tipo de críticas por reafirmar su postura de dejar de ser víctimas para guiar sus vidas, son, cuanto menos, injustas y desproporcionadas.

A Paquirrín ya lo hemos escuchado. Esta noche es el turno de Rociíto. Como sociedad, podemos dar un gran paso en materia de violencias o podemos seguir estigmatizando a dos personas que fueron y son fruto de sus circunstancias. Analizar las situaciones dejando de lado lo mejor o peor que nos pueda caer la gente es la única forma de encontrar justicia y terminar con los abusadores que se pasean con impunidad por espacios públicos y privados. Parejas, familiares, padres, madres, hijes… todes podemos ser maltratades o maltratadores, y también todes podemos esforzarnos por no serlo.

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