Nuestros cuerpos no van a pedir perdón.

Reseña del libro El cuerpo no es una disculpa de Sonya Renee Taylor, un alegato a favor de todos los cuerpos.

No voy a negar que el libro me lo compré por la presentación a la que fui. Me encontré con Klari, Marina y Malta hablando de cuerpos, de experiencias, de procesos, vivencias y traumas, de autoayuda de izquierdas y de batidos de proteínas. Y allí, en la fila de atrás «con ese flequillo rosa asintiendo mucho» según Malti, sentí cosas. Sentí que el problema con nuestros cuerpos viene de lejos y de fuera, y ese peso sobre nuestras espaldas nos lo han cargado sin preguntarnos si queríamos.

Portada del libro, aparece la escritora, Sonya, desnuda cubierta y rodeada de flores. Es una mujer negra, de talla grande y con el pelo afeitado. El subtítulo del libro es El poder del autoamor radical.

El libro te permite darte un respiro y salir, por un momento, de este mundo que nos juzga para poder estar a solas con nuestros propios cuerpos. Y no solo se centra en los cuerpos gordos, también en los cuerpos discapacitados, los cuerpos de otras razas, transgénero, etc. en todos los cuerpos que se salen de la norma y viven en los márgenes, porque se han ido expulsando todos los cuerpos que no encajan.

Las relaciones con nuestros cuerpos son herencias sociales, políticas y económicas.

Sonya Renee Taylor, El cuerpo no es una disculpa.

Unas de las ideas que más me interesaron de esta autora fue su idea de politizar nuestros cuerpos, de ocupar ese espacio negado, y que su solución sea darnos amor como un acto radical.

A lo largo del libro la autora nos va dejando preguntas «que no piden perdón» y «reflexiones radicales» como migas de pan para poder ir reflexionando la lectura, parando, cociendo a fuego lento todo lo que nos va a remover y darnos, de esta forma, tiempo para asimilarlo. Asimilar que nuestros cuerpos, sean como sean, enfermos, trans, discapacitados, negros, etc… son válidos y se merecen nuestro propio amor y nuestro propio respeto.

Es complicado aceptar tu cuerpo si está enfermo y no te responde, si duele, si incapacita. También es duro aceptar que tienes un color de piel diferente por el que te marginan o agreden, o una discapacidad que hace que el resto te excluya, o una diferencia de peso enorme, vello corporal en exceso, en fin, si tu cuerpo se sale de los increíblemente limitados cánones de belleza.

En esta entrada reflexionamos sobre la belleza y sus implicaciones a partir de la idea de la limitación que suponen dichos cánones.

Uno de los puntos más interesantes del libro es cuándo aprendimos a odiar a nuestros cuerpos, aunque la respuesta resulta evidente: desde la infancia arrastramos el peso de la culpa o la vergüenza. El peso de los comentarios del resto que se atrevía a señalar a quien no era «normal». Qué palabra, qué fea es.

Reflexión radical:

Nuestras creencias sobre los cuerpos tienen un impacto desproporcionado en qué razas, géneros, orientaciones sexuales, capacidades y edades se desvían de nuestras nociones por defecto. Cuanto más lejos esté la desviación del cuerpo por defecto, mayor será el impacto. A todos nos afecta, pero no a todos nos afecta igual.

Sonya Renee Taylor, El cuerpo no es una disculpa.

En base a todo el sufrimiento que vivimos alrededor de nuestros cuerpos, resulta más que evidente que las personas adultas tenemos muchísimo que cambiar para poder permitir que las siguientes generaciones no crezcan odiando sus propios cuerpos.

En el colegio es más que evidente que los ataques a los cuerpos son prácticamente diarios, y es nuestra obligación como docentes no sólo no participar en estos ataques, si no frenar cualquier atisbo de agresión (que si persiste, se convertiría en acoso escolar) para permitir a cualquier niña, niñe o niño crecer sin que haya nadie haciéndoles sentir menos.

El libro, como cualquiera, te gustará o no, pero te invitará a la reflexión, que al final de eso se trata, de pensar, de repensarnos y de crecer, de mejorar nuestra forma de relacionarnos (con los demás y con nosotres mismes) y de mejorar nuestra práctica docente. De valorar a todas las personas por el simple hecho de serlo, nuestros cuerpos, sean como sean, también son válidos.

En Proyecto Fénix, nadie se ríe de nadie, podemos encontrar actividades relacionadas con los cuerpos diversos (que al fin y al cabo, son todos)… ¿sabéis miraros al espejo? En sus páginas aprendemos a hacerlo, si quieres tu ejemplar, escríbeme a ademarloteacher@gmail.com.

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