Libre, libre quiero ser.

Tengo algo que decir que probablemente no interese a nadie pero a mí sí, y como Fénix siempre me ayuda a ordenar las cosas, aquí estoy, una vez más, delante del teclado recomponiendo el puzzle que soy, cada vez con más piezas encajadas.

Desde mi más tierna infancia he sentido que me encontraba en medio de ningún sitio, lo que se esperaba de mí no era lo que me nacía hacer. Lo que se esperaba de una niña no era lo que yo podía dar de mí.

Tampoco era un niño.

¿Quién era?

Crecer y conocer mundo ayuda a que vayas ordenando tu cabeza y te vayas conociéndote pero en mi caso no era así; «marimacho», «Manolo», «mujer de pelo en pecho» en alusión a que era «un tío», «está el grupo de las pavas, el de las putas y luego tú», porque yo entraba en ninguna categoría.

Y sigo sin entrar en ninguna categoría. No soy hombre, no soy mujer. Soy una persona de género no binario.

Antes decía que me sentía en medio de ningún sitio y precisamente creo que estoy en el medio de algún sitio, en un punto «intermedio» en el que verdaderamente puedo ser yo. Ade.

No pienso entrar en «debates» estériles de teorías absurdas sobre sexo biológico, género y demás. Conocer lo Queer ha supuesto un cambio en mi vida y, por supuesto, a mejor. Y los estudios Queer, junto con el feminismo, hacen que tengamos una comprensión del mundo más amplia, más formada, más respetuosa y menos excluyente, aunque éso no es razón para dejar de revisarse y seguir entendiendo los privilegios que tenemos y qué hacer con ellos para ayudar a otras personas con menos.

Cuando era más pequeñe, más joven, que me llamaran andrógina, que me compararan con un chico, me dolía porque me excluía, me hacía sentir fuera de algo, era utilizado como un insulto, como una broma… malditas bromas. Mis ademanes masculinos, mi poca feminidad innata… y claro, ahora entiendes que ni la masculinidad ni la feminidad son algo innato o algo que sea fijo e inmutable. Cada persona es como es y son los roles y estereotipos los que (de)limitan quién eres.

Me fui dando cuenta de todo ésto poco a poco, pero hace un par de años, en un colegio, hablando un poco de todo ésto, un niño me dijo, mientras hablábamos de lo que era androginia:

«¿Como tú profe? que pareces un chico y una chica»

Y no me dolió, no me molestó, de repente me emocioné porque un pequeñajo de 8 años me había visto de forma clara y pura, sin juicios, sin intención de hacer daño. Mis sospechas se iban confirmando. Más alumnado me ha preguntado y me he ido reafirmando. Efectivamente parezco un chico y parezco una chica, porque soy ambos y ninguno, porque rechazo el binarismo desde siempre pero no sabía ponerle nombre a quién soy.

Pero ya sí.

¿En qué va a cambiar ésto la forma de relacionarse conmigo?

Bueno, si os acordáis mis entradas anteriores sobre personas no binarias, lenguaje no binario… (¿quizás estaba allanado el camino, construyendo mi propio camino de baldosas amarillas?)

Mis pronombres son ella/ elle.

Aunque se me trate en femenino no considero que sea malgenerización, pero mi pronombre es elle. En las entradas anteriores se explica cómo usarse, pero si queréis decirme que… soy divertida, guapa, graciosa, lista… (el barrio entero pa’mí) sería divertide, guape, graciose, liste… mi chico ya lo está haciendo y me veo muy reconocide. Cuando se lo dije a él, hace unos años, me dijo que era algo muy claro, muy evidente, que adelante.

Y adelante vamos.

Estoy segure de que habrá gente que no lo entienda, que me juzgue, que se ría, pero como me dijo mi amigo Arnau… «Lo que más importa de todo esto es que tú sepas quién eres… Y punto«

Llevo años esperando una respuesta concreta, un test, un «diagnóstico» entendido no como algo médico si no como algo tangible, pero no va a llegar, porque mi identidad es algo que viaja conmigo «por donde quiera que vaya» y creo que ya no puedo más, que es el momento de verme como soy, de que me vea el resto del mundo también, pero principalmente quiero verme yo.

El otro día Rosa dijo que al principio no sabía que tenía un armario encima y yo tampoco, pero no quiero vivir dentro de ningún armario más.

Bisexual, género no binario, fibromialgia, adenomiosis, feminista, queer, profe, antifascista, antirracista, LGTBI, anticapacistista y aprendiendo de todo ello, pero sobre todo, por encima de todo…LIBRE.

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