Carrie, covid y docencia.

Sí, la recomendación cinematográfica de hoy es Carrie, un clásico del cine de terror de 1976, basada en la novela de Stephen King.

Entiendo que puede haber desconcierto: ¿pretendes que veamos Carrie con el alumnado? Bueno, con los de infantil y primaria no, pero quizás con más mayores…

Aunque lo que me gustaría destacar de esta película es la actitud del profesorado.

Como ya he dicho, la película es de 1976, no considero que contar cosas de la trama sea spoiler o destripe, pero ahí va:

AVISO DE SPOILERS.

Carrie es una joven que va al instituto y es maltratada por sus compañeros/as. En la primera escena, en las duchas del instituto, a Carrie le baja la regla y entra en pánico porque no sabe lo que es. Sus compañeras se ríen de ella y le lanzan compresas mientras ella llora desnuda.

La escena es desgarradora, pero la profesora de educación física acude en su ayuda.

En el despacho del director, tratan de solucionar lo ocurrido pero quizás lo más llamativo sea que el director no sabe su nombre…

El desconocimiento de Carrie hacia un tema como su menstruación es debido a la educación profundamente religiosa que recibe de su madre, personaje que encarna el fundamentalismo religioso.

En esta película veo dos aspectos del profesorado que me parecen vitales a la hora de desempeñar nuestra labor, nuestra responsabilidad para con el alumnado y con las familias.

Por un lado, la profesora de educación física intenta ayudar a Carrie durante todo el metraje, aunque no consiga evitar su sufrimiento (y posterior matanza en el instituto). Ella sabe que Carrie es una chica en una situación de vulnerabilidad con respecto al resto, vive en una casa aislada del mundo, atemorizada por su madre y sus constantes amenazas (el pecado es el motor que rige su vida, quiere evitarlo como sea). Es en clase y en el centro donde Carrie podría aprender fuera de ese ambiente tan peligroso que crea su madre.

Y de esta forma enlazo con la otra idea que me surge con esta peli: hace unos meses se creó un debate acerca de quién decide los contenidos educativos. Lo llamaban pin. Yo lo llamo involución. Si recordamos, esos ataques se dirigían sobre todo a los contenidos relacionados con la educación sexual. Dicha educación empieza por nuestros cuerpos. Si en casa no hay un ambiente propicio para ello, deja a esos niños o niñas (adolescentes) desprotegidos. A la intemperie. Nuestra labor debería ser la de intentar que todo nuestro alumnado acceda al aprendizaje.

Volvemos al 2020 y a la situación en la que vivimos actualmente: El Teletrabajo™️.

El Covid nos está dando más miedo que Carrie en fin de curso, sabemos que en cualquier momento nos puede pasar a nosotres o a alguien de nuestro entorno, pero el show debe continuar y seguimos dando clase a pesar de los pesares… ¿De qué forma podemos hacer para que todo el alumnado acceda al aprendizaje que queremos acercarles? Sabemos que hay familias que no tienen acceso a internet, a equipos (no hay ordenador, o hay una tablet, ordenador o móvil para toda la familia), sabemos también que no podemos avanzar contenidos porque no queremos dejar a nadie atrás… porque no queremos dejar a nadie atrás, ¿verdad?

Hay docentes que han perdido a familiares por culpa del virus, hay otros que están atravesando una situación de ansiedad y mala racha (como cualquiera, claro, o acaso ¿no somos seres humanos también?), los hay que tampoco tienen buenos dispositivos o buena línea de internet, porque quiero recordar que para ser docente no hay un requisito de fibra óptica ni nada… y que las nuevas tecnologías les ha pillado a traspiés.

Éste es nuestro baño de sangre en el baile de promoción.

giphy.com

Entonces… ¿qué hacemos?

Olvidarnos del doble relato que nos quieren construir: sabemos que no estamos de vacaciones, tranquilidad, y no somos héroes/heroínas. No estamos haciendo El Teletrabajo™️ de una forma magistral porque, en primer lugar, la docencia (sobre todo en infantil y primaria) no admite El Teletrabajo™️. En segundo lugar, no estamos haciendo maravillas, estamos haciendo lo que podemos con los medios que podemos porque no nos ha quedado otra. Hagamos lo que hagamos va a ser utilizado en nuestra contra, así que levantemos la cabeza y desempeñemos nuestra labor con dignidad, intentando siempre buscar el bien de TODO el alumnado. Esos contenidos que supuestamente está perdiendo el alumnado, pensemos de forma pausada y crítica: ¿cuáles son?, ¿de verdad son tan importantes? y con importantes, me refiero a en su desarrollo personal, no en si les serán útiles en la sociedad extremadamente productiva en la que vivimos, que sitúa en el centro la actividad económica por encima de la propia vida humana.

Quizás esta relación de ideas entre una peli de terror y la situación que nos ha tocado vivir solo la entienda yo, pero si podemos pensar de forma conjunta cómo hacer para no despojar de valor a la docencia, quizás esta crisis nos deje sacar algo bueno de ella.

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