Brechas y más brechas.

Esta situación del confinamiento nos está permitiendo descubrir, una vez más, que los dirigentes de educación no saben mucho, o no les interesa saber nada, sobre educación.

La educación no consiste en tener un libro de texto y avanzar contenidos de septiembre a junio, la educación no es mandar deberes y exámenes a discreción.

La educación es un proceso más profundo que necesita de una relación docente/alumnado cercana, con posibilidad de verse, oírse, y hasta tocarse, porque si trabajas en infantil y primaria sabes que los abrazos forman parte de tus rutinas diarias.

Estamos en un momento en el que todos y todas estamos pasando por un proceso nunca antes vivido y por eso, nunca antes enfrentado. Es por ésto que cada cual tendremos una forma de verlo, de sentirlo, de enfrentarlo y de expresarlo. Adultos e infancia.

Si los dirigentes supieran algo de educación no se nos pediría avanzar en el temario, en ningún nivel, porque repito: todos/as/es tenemos que procesar el confinamiento, el miedo, el riesgo e incluso la pérdida de seres queridos.

Si nuestros dirigentes supieran (o quisieran saber) qué son las desigualdades socio-económicas, (y ésto lo sabemos todes les que hemos dado clase en más de un centro educativo) que hay familias que no tienen más que un móvil, que mientras hay familias con un ordenador por miembro, hay otras que no tienen internet en casa y se conectan con la wifi de otros sitios, que hay gente que vive en casoplones enormes de dos o tres pisos y otras familias que viven en una habitación la madre, la hija mayor y la hija pequeña, con la hermana mediana embarazada. Que hay mujeres (y sus peques) que están viviendo confinadas con su maltratador, que hay familias que no saben leer ni escribir mientras que otras familias son todo lo contrario, que las hay que tienen que seguir trabajando en puestos de riesgo y que llegan a casa agotadas… ¿sigo? ¡todo el mundo sabe casos!

Si nuestros dirigentes supieran algo de educación y sobre todo, de educación pública, sabrían que la escuela es ese agente democratizador que hace que todas esas diferencias abismales se intenten salvar en la medida de lo posible dentro del centro, dentro del aula, porque no podemos avanzar contenidos (dando igual el medio) si al final estamos dejando en manos de sus familias que les llegue, o no, que lo entiendan o no. Os recuerdo que el alumnado de secundaria y mayores saben y pueden manejar las nuevas tecnologías de forma autónoma, pero me van a tener que explicar cómo pueden acceder los de infantil y primaria si no es con ayuda de algún adulto.

Y si después de estas quejas sobre las condiciones materiales de cada casa nuestros dirigentes siguen pensando que saben de educación, insisto en decirles que no, que no saben: ¿saben ustedes lo que es salud mental? Estamos en casa para proteger nuestra salud física, éso lo tenemos claro, pero ¿qué pasa con nuestra salud mental? si la del profesorado no les importa, como ya sabemos, ¿pueden por un momento pensar en la del alumnado? Niñes y adolescentes encerrados sin poder salir, sin entender del todo por qué, con ansiedad, miedo y … ¿con un volumen realmente sobrecogedor de tareas?

Se nos pide especial atención al alumnado con necesidades especiales… ¿cómo se atreven? Resulta muy difícil adaptar «la lección» a niñes que necesitan de tu atención individual, de tu cercanía, de materiales y recursos… Necesidades especiales ahora mismo tiene el 100% del alumnado porque están viviendo una situación que les está sobrepasando. Al igual que a nosotres, los adultos, pero ya sabemos que el profesorado damos igual, cualquier cosa con tal de justificar el sueldo que se nos paga, no vayan a pensar que estamos de vacaciones, que ya sabemos que tenemos muchas vacaciones.

El alumnado necesita vernos, saber que estamos ahí, pero no necesita explicaciones, no necesita deberes y no necesita más presión. Podemos mandarles vídeos, juegos, actividades de refuerzo, recomendar pelis, canciones, podemos intentar hacer que todo sea un poco más llevadero y aún así, va a haber alumnado al que no lleguemos. No podemos llamar por teléfono y darles «la lección», creo que es algo básico, que hasta ahí, llegamos todo el mundo.

Mi única esperanza es que el propio profesorado tenga en cuenta todo ésto y no pongamos las notas en base a este tiempo de confinamiento. No es verdad, no es real, no estamos ejerciendo bien nuestra labor (porque las circunstancias no nos dejan) y no somos héroes, no nos matemos y dejemos nuestra propia salud (física y mental) para contentar a dirigentes que no saben de educación.

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