The Toys That Made Us, Barbie girl!

Imagen sacada de Netflix

En Netflix hay una nueva serie documental llamada The Toys That Made Us donde se cuenta la historia de distintos juguetes icónicos: en el primer capítulo hablan de Star Wars, en el segundo de Barbie, en el tercero de He- Man y en el cuarto de G. I. Joe. Sólo hay cuatro capítulos y aunque no es una serie crítica con lo que presenta nos resulta interesante analizar el episodio dedicado a la muñeca más vendida de todos los tiempos. Reflexionamos su influencia en esta época de compras a los más pequeños y pequeñas para que no olvidemos que el seis de enero también debemos tener puestas las gafas violetas. 

Ya sólo la cabecera nos transporta a un pasado nada lejano, en el que el niño escoge un juguete de acción y la niña, entre ponies y todo tipo de juguetes de color rosa,  una muñeca. Los estereotipos de género han marcado la historia de los juguetes y esta nueva serie nos lo muestra. Su lema, “los juguetes que nos hicieron como somos”, ya nos indica que sería absurdo negar cómo los juguetes con los que crecemos marcan nuestro comportamiento, nuestra forma de socializar y de asimilar los roles que se esperan de nosotros/as.

Como cabría esperar, el capítulo en el que más se marcan los roles de género es de la Barbie, “la muñeca más famosa y con más ingresos de la historia” según el propio documental, y no cuesta trabajo creerlo.

A lo largo de todo el capítulo vamos a encontrar intentos de empoderamiento de la mujer a través de Barbie por parte de Mattel, como por ejemplo, decir que fue “la primera muñeca que mostró a las niñas algo más que tareas domésticas” lo cual es totalmente cierto. El problema se halla en que no se cuestiona si de verdad ha empoderado a la mujer, cuando sabemos que la imagen que proyecta Barbie es la repetición continua de la mujer sumisa, por mucha independencia que de el tener un descapotable y dinero para comprarse ropa.

El origen de la muñeca es bastante curioso: Ruth Handler, creadora junto con su marido de la empresa de juguetes Mattel, allá por los años 50, se dio cuenta de que su hijo tenía una amplia gama de juguetes para poder disfrutar y dejar volar su imaginación: bombero, vaquero, astronauta, cirujano… pero su hija, Bárbara, sólo contaba con recortables de moda o bebés y juego de tareas domésticas. Las niñas sólo podían identificarse con madres o cuidadoras. Según una de las empresarias de Mattel: “las niñas no podían vestirse, o hacer esas cosas que les encantan”. Ruth Handler quería una muñeca en tres dimensiones para que su hija pudiera vestirla, y durante un viaje a Suiza encontró la inspiración en una muñeca llamada Lili, que resultó ser la réplica de plástico de un personaje de una tira cómica “picante”, como la denominan en el documental: Lili era una prostituta que salía en el periódico alemán Bild Zietung, creada para animar a los soldados durante la postguerra. Según explican en el capítulo: «los hombres regalaban una Bild Lili a la chica con la que salían y así ella sabía lo que buscaba”. Sin embargo, a Ruth no la detuvieron los orígenes de Lili y se llevó unas cuantas muñecas a Estados Unidos. Allí, junto a Jack Ryan, dieron vida a Barbie. Según la hija de Ryan, su padre estaba entusiasmado con la idea de “crear a la mujer perfecta”.

Imagen de Lili sacada de Netflix.

A pesar de las ganas y el empeño, les costó mucho sacar adelante a Barbie, ya que a los hombres de Mattel, y a los ejecutivos de la Feria del Juguete de Nueva York donde fueron a presentarla, no les gustaba la muñeca: se sentían incómodos por dar a niñas una muñeca de esas características: los hombres juzgaron a la muñeca desde su perspectiva de adultos y pensaban en Barbie más como un juguete sexual que como una inocente muñeca. Los pechos les perturbaban enormemente. A las madres, por su parte, tampoco les gustó la muñeca, ya que veían en ella una “competidora” y la solían llamar “ la muñeca de papá”. 

Imagen de Barbie sacada de Netflix

Pero Ruth no desistió y contó con la ayuda del psicoanalista Ernest Ditcher, quien se dedicaba al marketing y era conocido como el manipulador. De hecho, fue el que se dio cuenta de la manera en la que las madres aceptarían a Barbie al ver cómo una mamá, a la que en un principio no le gustaba la muñeca, cambió de opinión cuando su hija le dijo que Barbie era muy guapa. Parece ser que esa niña era muy tosca, y la madre creyó que la Barbie le serviría de modelo.

Así fue cómo descubrieron la clave para que Barbie entrase en los hogares estadounidenses: la muñeca era el ejemplo de conseguir un buen marido. En aquella época las madres creían que si se mostraban demasiado “fáciles” y disponibles sexualmente no conseguirían casarse “bien”, lo que les serviría de sustento. Por ello el primer anuncio de televisión de Barbie sale vestida de novia. A partir de ahí el resto es historia.

Según Mattel, “las niñas proyectaban su identidad adulta en la muñeca, se imaginaban en el mundo adulto”.  Sin embargo es más bien al revés, no se proyectan, si no que asumen roles que llevarán consigo hasta la edad adulta. Nos ha pasado a todas.

Por supuesto también se habla de las proporciones del cuerpo de la muñeca, irreales e imposibles en un cuerpo humano, y es que, en palabras de una ejecutiva de Mattel “ no es humana, es una muñeca, no se hizo para tener proporciones humanas”. Se justifica este aspecto diciendo que si no, no le quedaría bien la ropa, debido al grosor de las telas, pero la misma ejecutiva dice: “la ropa queda bien en las personas con determinadas medidas”.

Podría aceptarse la explicación del grosor de las telas, pero en el set Fiesta de pijamas, iban incluidos una báscula que marcaba 50 kilos y una especie de mini revista o manual que ponía en la portada “cómo perder peso”. Si le dabas la vuelta, ponía “sin comer”.
Hasta la fecha del documental, producido en este año 2017, Barbie ha tenido unas 180 profesiones. En los años 60 Barbie ya había sido modelo, editora de moda, bailarina, enfermera, cantante, azafata de vuelo, tenista, ejecutiva, profesora y astronauta, y una vez más, se pone el empeño de recordar lo empoderadora y los inspiradora que es Barbie para todas las niñas, aunque si nos paramos a ver las profesiones de Ken, doctor, piloto, etc. las profesiones de ella son accesorias a las de él. En palabras de la creadora: “Yo no soñaba con cambiar el mundo. Quería mostrarlo tal y como es. Y en aquella época no había mujeres médicos”.

Imagen de Barbie y Ken astronautas sacada de Netflix.

Es extraño, porque cuando ella quiso crear a la muñeca sí quería cambiar el mundo, quería que su hija tuviera más opciones de juego, igual que su hijo, pero quizás se quedó en el intento.

Y así nos vemos ahora, sin saber bien si Barbie es un ejemplo de empoderamiento, de mujer accesorio, de culto al cuerpo o de si realmente nos ha inspirado para seguir sus pasos, porque todas las mujeres y chicas de cierta edad, incluso ahora, hemos jugado y jugamos con Barbie, y nos inventamos historias alrededor de ella y lo que tuviéramos alrededor, pero cuando creces, echas de menos haber tenido una diversidad más real, más cercana y menos centrada en la belleza y en el físico.

Imagen de la primera Barbie con el pelo tan largo sacada de Netflix.


Sin embargo no podemos negar ni evitar que Barbie ha marcado las infancias de muchas de nosotras, y nos ha permitido crear una diversidad que aunque no era la intención de la compañía ni de su creadora, sucedió así: quién no ha tenido un montón de Barbies lesbianas, madres solteras, divorciadas… (Ken no era tan admirado). Con el tiempo, entendimos que el estereotipo de barbie (mujer blanca heterosexual) se le (nos) quedaba pequeño y creamos historias y la empresa no tuvo más remedio que sacar muñecas de distintos tallajes, racializadas…

Estamos de acuerdo en que quizás no deberíamos considerarla un icono feminista, sobre todo a la primera Barbie que habló… (¿queréis saber qué decía?, pues entre otras perlas…)

Imagen de Barbie y una de sus míticas frases: la clase de matemáticas es muy difícil) sacada de Netflix.

No puedo recordar mi infancia sin que Barbie ocupe un papel fundamental, mi favorita, la Barbie profesora.

Ya pasé la época de adorarla, de avergonzarme porque me gustara y ahora, adulta, entiendo el contexto y sus limitaciones, pero no puedo evitar seguir deseando que los Reyes Magos me traigan aquella Barbie peinados y brillos que nunca llegó.

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