El colador de las violencias.

Reflexionar sobre la violencia y cómo acabar con ella es casi imposible, en primer lugar porque no es la violencia, en singular, si no las violencias, en plural. ¿Qué no?

Una paliza es violencia, éso lo tenemos claro, pero un insulto es violencia verbal. Una broma de mal gusto, destrozar o robar las pertenencias de otra persona, también; violar, abusar, matar, también en violencia.

Todas esas violencias, metidas en el mismo saco, puede llevarnos a equipararlas y minimizar , cuando realmente deberíamos ponerlas todas en el mismo plano de gravedad. ¿Estamos comparando un insulto o un mote con una violación? Bueno, sí y no.

La gravedad está claro que no es la misma, las consecuencias, tampoco, pero nuestra respuesta sí que debería serlo. Señalar a quien lo hace y no consentir que nadie lo siga haciendo. Establecer límites con la violencia es esencial para pararla. Como no lo hacemos, nos va ganando terreno.

Sabéis que me gusta poner ejemplos cercanos para entender qué nos pasa y para establecer comparativas, paralelismos y por qué no, intentar buscar soluciones, y también sabéis que me gusta hacerlo con programas de televisión que llegan a mucha gente. Nada más apropiado para ello que Gran Hermano, un programa de relaciones personales que, además, ha moldeado el pensamiento y el relato colectivo de la sociedad en torno a las personas que han pasado por allí.

No, no me estoy columpiando en absoluto, pensad: antes, no era tan valorada la sinceridad (entendiendo sinceridad como sincericidio, soltar todo lo que se pasa por la cabeza sin filtro y con la excusa de que «yo soy así, 100% real y digo lo que pienso»). De esta forma, los perfiles de personas que han ido entrando en la casa han ido virando hacia la mala educación, las malas formas, y sí, la violencia.

Hemos dicho que destrozar pertenencias de otra persona es un tipo de violencia también. Este año, en esta edición que está teniendo lugar ahora mismo, un concursante, Hugo Castejón, utilizó una calabaza para crear un «muñeco», pues hasta en dos ocasiones, un par de compañeros de la casa cogieron las calabazas y las cortaron con un cuchillo delante de él riéndose, mirándole, clavando el cuchillo el los ojos de la cara que había pintado…

Es violencia, pero como quien la recibe es un señor que no cae muy bien, nos da igual, la dejamos pasar, nos hace gracia.

Otro ejemplo de violencia que dejamos pasar, del programa Supervivientes esta vez: Saray, concursante gitana es expulsada por enganchar de los pelos a otra. Lo que nunca llegué a entender es por qué Romina, la agredida, no fue expulsada también, ya que, como ella mismo dijo que iba a hacer, estuvo insultando y metiéndose con Saray hasta que consiguió que la pegara. Volvemos a tolerar una violencia dependiendo de contra quién la ha ejercido.

Ahora me decís que violencia en Gran Hermano y realities ha habido siempre…

¿Os acordáis de El Yoyas? ¡¡exacto!! El Yoyas, ese personaje que fue expulsado de la casa por tratar mal a la que era su pareja y que protagonizó una de las peleas más famosas de la tele ( y más bochornosas) en Gran Hermano 2. Ese nivel de violencia no había sucedido en la edición anterior, todo lo contrario. Sin embargo a partir de ahí la intensidad de violencia fue creciendo de tal forma que a los concursantes que no gritan y se pelean se les llama muebles y de aquellos barros estos lodos: en el último Gran Hermano anónimo (Revolution) se produjo una violación delante de las cámaras y nadie hizo nada. Así, como lo oís.

Una chica, Carlota, se emparejó con un chico, José María. Qué guapos, qué modernos, qué maravilla. Qué fiesta. Qué borrachera. Qué violación.

No voy a añadir ningún vídeo, no voy a decir nada más y tendréis que confiar en mi palabra. Sí, en la palabra de una mujer. Carlota ha estado siendo juzgada dos años por haber sufrido, ella, una violación. Han tenido que salir imágenes de ella viendo (sola, en el confesionario) como su (ex) pareja la violaba delante de toda España porque no la creían.

Y éso de dejar pasar la violencia con nuestro propio colador es algo muy habitual. Somos laxos a la hora de condenar ciertas violencias si quien la recibe… nos da igual.

Y si no, miremos al Mediterráneo, y es solo un ejemplo.

Canción Nana del Mediterráneo, de María José Llergo.

Podríamos seguir poniendo ejemplos de agresiones y violencia en Gran Hermano, o demás realities, como por ejemplo en esta entrada del año pasado, donde ya escribí sobre ello

Pero quiero dejar hueco a otra reflexión.

(Este es el momento en el que los culturetas saltáis al cuello, venga: «si no dieseis audiencia a estos programas, si nadie los viera, éso os pasa por no leer». )

Seamos sinceras, ¿la solución pasa por quitar un programa de la parrilla televisiva? Y ¿qué habríamos aprendido? Nada, las mujeres seguirían siendo juzgadas ( y violadas y maltratadas), seguiríamos ejerciendo violencia y dejando que otros la ejerzan, pero no habría un verdadero aprendizaje, un verdadero cambio. (Conste en acta que las personas que estaban de responsables en la casa de GH cuando se produjo la violación a Carlota me merecen el desprecio más absoluto y cualquier condena será injusta, porque será pequeña.)

Sin embargo imaginad qué importante sería que esa nueva sección-lavado-de-cara de Sálvame, «Con m de mujer», fuera obligatoria en todos los canales, y estuviera un pelín mejor enfocada. Si no lo habéis visto, os la recomiendo, siempre es agradable ver a ciertos machirulos como Matamoros, Jesús Manuel o Montero echando espuma por la boca.

Qué importante sería mirarnos al espejo y saber qué parte de responsabilidad tenemos en la violencia que se ejerce a nuestro alrededor, no solo en la tele, que reflexionemos sobre nuestro propio colador y las tantas veces que hemos dejado pasar «algo» porque oye…igual hasta se lo merece, es muy pesado, es insoportable, nos cae mal…

De la pertinencia de mostrar las imágenes explícitas de violencia, de por qué las consumimos, de qué efecto provocan (señalan y aleccionan o todo lo contrario) hablamos otro día.

Como recordaréis, en Proyecto Fénix, nadie se ríe de nadie, hay actividades para ver la tele en familia, unas recomendaciones de películas y muchas ganas de reflexionar y de acabar con las violencias. Si quieres un ejemplar, escríbeme a ademarloteacher@gmail.com

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