¿Cambiamos de canal?

Comienzo de curso. En la clase coinciden alumnos y alumnas de distintos sitios y, aunque alguno se ha visto por el barrio o han llegado a coincidir en los pasillos, es la primera vez que van a la misma clase. Hacen grupo, se llevan bien, se ríen y todo marcha. 

Unos días después, llega una nueva compañera. Es simpática, graciosa aunque ruidosa y habladora. Una de las «antiguas» alumnas la conoce de antes y le cae muy mal, así que empieza a hablar de ella, a meterse con ella, a reírse de ella… un poco, de manera podríamos decir casi sutil.

El resto de la clase sigue por ese camino y empieza a meterse con ella de forma directa, agresiva, recibe insultos a diario, le gastan bromas pesadas, la dejan sola en los trabajos en grupo… la cabecilla del grupo en ningún momento se pone en el lugar de esta chica, que está sola, y no sólo no anima a sus compañeros y compañeras a que paren, al contrario, cada día alimenta ese odio grupal. 

Uno de los compañeros, que venía nuevo de un pequeño pueblo, ve la injusticia de la situación y la defiende, pasando a ser el segundo compañero insultado, marginado, ninguneado… y otra compañera, hace lo mismo. 

Se convierten en tres mientras que el resto de la clase se enfrenta ellos sin piedad. 

Aunque el profesor les deja unas horas de tutoría para que hablen y lo solucionen, el gran grupo insiste en que son esa tres personas quienes se han separado y quienes han querido formar su pequeño grupo. No son capaces de ver, o no quieren reconocerlo, que con su actitud de matones han separado de la clase a los tres que son más diferentes al gran grupo. Justifican todo con al forma de ser de la niña, les molesta. 

La segunda chica del trío de marginados ha comenzado a distanciarse de su amigo y de su amiga para poder integrarse mejor en el gran grupo y que no se metan tanto con ella. 

El colegio no hace nada por evitar la situación siendo conocedor de la misma, aunque luego hacen campaña en contra del acoso escolar cuando toca. 

¿Qué os parece esta situación?

¿Os suena de algo? ¿Y si empiezo a poner nombres? La niña marginada se llama Míriam Saavedra. El niño marginado, El Koala. El profesor es Jorge Javier Vázquez y el colegio es Gran Hermano Vip, Telecinco o Mediaset, me da igual.

Esta situación es la que está viviendo desde que comenzara esta edición de Gran Hermano Vip en la que el acoso y derribo hacia una concursante por parte del resto es manifiesto y numerosas cámaras lo están recogiendo a diario.

Un grupo de personas se cree mejor que otra y se dedican a insultarla a diario, a meterse con ella de todas las formas posibles y a gastarle bromas pesadas. Además, como ella no se queda callada y contesta, como no cumple el perfil de víctima del imaginario colectivo, ellos y ellas se crecen y la atacan con más fuerza. Las imágenes de Míriam bailando sola llorando en un rincón me desagarran, y la del resto de concursantes disfrutando de su odio me llena de rabia.

Se ha hablado mucho del machismo de Suso y Omar en la casa, dos machunos de manual que tratan a las mujeres como si fueran objetos de los que disponer a su voluntad, pero no se han tomado medidas en ningún caso. Sólo Omar fue nominado directamente por (se me hiela la sangre al contarlo) decir a otro compañero que se metiera en la cama de Míriam porque estaba borracha. Sin embargo a Suso no se le ha dicho nada. Ni a Mónica Hoyos, la cabecilla de toda esta situación, ni a Ángel Garó, que cada vez que se mete con Míriam alude a Perú de forma despectiva. Ni a Aramis Fuster que la gritó e insultó en directo llamándola «demonio de los cojones». El insulto en sí es ridículo, el tono, la forma, fueron humillantes. Me sorprende… bueno no, no me sorprende, me indigna la actitud de la gente así, en general, y de la cadena, que funciona así, en particular. Consienten en todos y cada uno de sus programas las agresiones verbales, los insultos, y dentro de poco consentirán los golpes para conseguir audiencia que se traduce en pasta. Pero más me indigna que tengan luego las narices de sacar sus campañas 12 meses 12 causas contra el bullying cuando es uno de los pilares de la cadena.

Somos nosotros y nosotras quienes podríamos parar todo ésto como audiencia pero no seamos ingenuos, no va a pasar. Y no va a pasar porque seguimos siendo una sociedad que tolera el maltrato, la violencia contra el o la diferente en cualquier situación social y televisiva. Porque pocos programas tienen una perspectiva interseccional contra la violencia en todas sus formas. Permitimos el insulto en el fútbol, en los programas de política, en los de cocina y en los de baile. En todos. Los permitimos también  en el cole, en la calle y en casa.

Porque se nos llena la boca diciendo que nosotros no, pero cuando insultan al que me molesta, está bien insultado.

Sé que ahora me vendrán con el argumento infalible:

«es que no hay que ver telecirco».

OH CIELOS, CÓMO NO SE ME HABÍA OCURRIDO.

¿Sabéis por qué creo que hay que verlo? Porque es una de las cadenas más vistas, porque los niño y niñas del cole lo ven, ya no os digo en los institutos, y necesitamos saber qué ven para poder intervenir, para saber de qué hablan, qué les influye, qué les llega.

Ir con nuestro aire de superioridad cultureta a prohibir canales no va a ser la solución, todo lo contrario, nos va a alejar de ellos, de ellas y de la realidad.

Podemos ofrecer alternativas, está claro. Pero los tenemos que saber hablar el mismo idioma y por mucho que nos pese, GH, Supervivientes e incluso OT son el idioma actual. ¿Estoy defendiendo estos programas? Ni sí ni no, cada cual sabrá qué tiene que ver, pero de una cosa podemos estar seguras, la actitud de rechazo hacia lo que ve, mayoritariamente, la gente  joven, no va hacernos mejores. Ni a los Baby boomers, ni a los millenial ni a los z.

De la misma forma que vemos los dibujos animados que ponemos a los niños y niñas pequeños/as, debemos saber qué ven a medida que crecen.

Por eso, porque hasta que no cambiemos (y mucho) la sociedad que tenemos van a seguir extiendo estos programas, creo que hay que verlos de vez en cuando para poder saber qué ve la mayoría la gente y saber a qué nos enfrentamos. Nos ponen los pies en la tierra.

Y si educamos sabiendo de dónde partimos, educamos para que sean ellos y ellas quienes cambien de canal.

En Proyecto Fénix vienen actividades para ver la tele en familia y en clase, claro.  Si no tienes el tuyo todavía pincha aquí o escribe a ademarloteacher@gmail.com. 

 

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