Sobre la empatía…

Sobre la empatía…

Sobre la empatía…

Hace poco pasé un día con mi prima pequeña, 8 años. Quería pasármelo bien con ella así que organicé un montón de cosas para hacer.

Lo primero que hicimos, el sábado por la mañana, fue ir a una charla sobre la actual ley educativa, sus fallos y aciertos y la manera de aplicarla en el aula a través de la evaluación por estándares. A mi me resultó de lo más completa, entra dentro de mis intereses y mi profesión, por lo tanto, a ella también le debió de resultar muy interesante. Noté que le gustaba, aunque tampoco es que me preocupara mucho, porque se pasó las 2 horas de la charla en completo silencio mirando al frente, a los ponentes, y sin decir ni una sola palabra. Seguro que a ella también le gustó.

Después fuimos a comer. Elegí para la ocasión mi restaurante favorito. Pedí mi plato preferido y para ella encargué lo mismo, porque al fin y al cabo, si a mi me gusta, al resto del mundo también, y además, ella tiene que comer lo que yo diga, para eso mando yo, ¿no?, que soy la adulta.

Por la tarde fuimos a ver una película al cine. Fuimos andando porque la distancia para mi no era muy larga, pero ella, cuando llevábamos 20 minutos andando empezó a decir algo de que si podíamos parar o no sé qué. No la escuché la verdad, quería llegar a la sesión de las 18:30 y ya íbamos justas de tiempo. Le dije que se callara y caminase más rápido porque yo quería llegar ya.

La peli me encantó. Ella creo que dijo algo de ver una de dibujos o superhéroes o no sé qué bobadas. Le dije que de eso nada, que yo era quien mandaba, quien pagaba y quien elegía la peli. Cómo son los niños, que al final la peli que yo dije le gustó un montón, otra vez, mirada al frente y silencio sepulcral durante las casi tres horas de metraje.

Cuando quedamos con sus padres para que volviera a casa me preguntaron qué tal había pasado el día. Les dije que lo habíamos pasado estupendamente pero también les dije la verdad, porque yo soy así y voy de frente: “Hay que ver qué niña más sosa, no ha sonreído ni una sola vez”.

Este microrrelato sería completamente distinto si la adulta hubiera preguntado a la niña en algún momento qué quería hacer, si le estaba gustando, si prefería hacer otra cosa, si estaba bien. Se llama empatía, ponerse en el lugar de las demás personas con las que interactuamos a diario y a las que debemos respeto, consideración, un trato digno y cuidadoso.

La empatía es necesaria también entre personas adultas y en cualquier tipo de interacción que tengamos, sea de la índole que sea.

Creo que se entiende perfectamente todo lo que quiero decir.

Como diría Anita Botwin, sí a la empatía.

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Ade

Educación, Feminismo

Soy maestra de educación infantil, primaria, inglés, experta en acoso escolar, inteligencia emocional e igualdad de género.

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