El sentido común está sobrevalorado.

Ya está, el tinte rosa la ha terminado de volver loca.

Pues puede que si, que me esté volviendo loca, y por eso, empiece a ver algunas cosas con más claridad. Hoy escribo esta entrada porque llevo mucho tiempo dudando del «sentido común». El otro día se lo dije a Victoria Castrillón, de Alma latina: «cuidado con el sentido común».

A continuación intento exponer por qué cada vez dudo más de ese «sentido común» al que apelamos cuando queremos que las cosas sean como las vemos nosotras.

Cuando una niña pequeña se queja siempre de dolores poco concretos por todo el cuerpo, de cansancio extremo, cuando no puede comer y se cansa enseguida y dice  «no puedo más», muchos padres y madres, guiados por su propio sentido común, pensarán que se lo inventa para no hacer las cosas, para no comer lo que no le gusta… y le dirán que no mienta, que no sea vaga, que se lo tiene que comer todo… porque es de sentido común que hay que trabajar, que hay que comer, y es también de sentido común que a una niña pequeña no le puede doler siempre el cuerpo. Hay médicos que también, guiados por su propio sentido común, no creen que lo que le pasa a la niña sea cierto. Entonces, el sentido común de la niña hace que no se queje, que intente comer todo lo que la mandan, a pesar de las arcadas y de los dolores de estómago constantes. Y es que, si nadie te cree, ¿no es de sentido común dejar de quejarse?.

Otro ejemplo:

Cuando en los colegios hay problemas en el recreo por culpa del fútbol, y el sentido común de las niñas dice que ellas también quieren jugar, el sentido común de los niños hace que las nieguen participar, porque las niñas son unas paquetes jugando al fútbol. Es más, hay profes cuyo sentido común hace que digan a las niñas que se salgan de la pista que están molestando.

Cuando esos problemas con el fútbol persisten, hay profes que, guiadas por el sentido común, prohíben el fútbol. Es una solución a corto plazo, está claro, pero el sentido común de los niños a los que les han prohibido jugar hace que se reboten: no han hecho nada malo, sólo juegan al fútbol, sólo imitan a sus ídolos. Y ahí, también tienen razón.

Otro ejemplo más:

Cuando una persona no emite sonido alguno, no tiene una posición activa en un encuentro sexual, el sentido común debería indicar que hay algo que no está funcionando, ¿no? Y a la vista está que el sentido común de algunos señores no les dice lo mismo, su sentido común les indica que tiene que quedar satisfecho él, no ella. Ella es su objeto de disfrute, no un sujeto de participación. Si ella no está disfrutando, si por el contrario, está sufriendo una agresión: ¿qué le dice el sentido común?

¿Que se resista?

¿Que se deje hasta que termine?

Difícil apelar al sentido común, que no sabe qué hay que hacer.

Y es que creo que el sentido común es una excusa para seguir manteniendo el sistema bajo el que nos encontramos, porque para el racista sale de lógica que las personas racializadas son malas, están por debajo. Para el clasista, es de sentido común que el obrero se coma las migajas y encima esté agradecido. Para el neo-homófobo, es de sentido común que se casen, pero que no lo llamen matrimonio para «no crear tensiones innecesarias». Pero para el homófobo de toda la vida es de sentido común que los chicos con las chicas y las chicas con los chicos. Para una persona con diversidad funcional, el sentido común le dice que es válido como persona igual que el resto, pero el sentido común de los demás, dice que no, que de diversidad funcional nada, que es discapacitado porque no puede.

Y si queréis hablamos de la lógica y del sentido común de las personas que dicen que las mujeres tienen vagina y los hombres pene, pero no lo voy a hacer, porque hace unos días, Sheila, una niña trans de 17 años se ha suicidado. Quizás fue nuestro sentido común el que la empujó a hacerlo.

En el primer ejemplo que he puesto, una niña enferma se ve desprotegida por el sentido común de los adultos. De ahí mi insistencia en que no minimicemos las experiencias de la infancia, los niños y niñas no mienten por naturaleza, no se qué clase de sentido común perverso rige nuestras cabezas, pero hay que cambiar el relato, proteger mucho más a la infancia.

En el segundo ejemplo, debemos hacer una labor mucho más pedagógica con los chavales porque el problema no es el fútbol, no es el balón, es la masculinidad hegemónica que maman desde que nacen: han de entender que el espacio se comparte, se cuida y se respeta,  han de saber jugar al fútbol de otra manera, han de aceptar a las niñas en el juego, y somos las personas adultas quienes hemos de enseñarles cómo. Y no se si es el sentido común el que nos va a guiar en el proceso.

En el tercer ejemplo, la educación sexual es absoluta y brutalmente necesaria, porque nos encontramos con verdaderos peligros, desarrollar empatía es vital, qué clase de relaciones sexuales estamos construyendo si no son capaces de distinguir si hay o no placer. Me pregunto si no son capaces o no quieren verlo…

Ojalá el sentido común fuera verdaderamente común a toda la sociedad, pero las distintas realidades que hay me llevan a pensar que el sentido común de un varón blanco heterosexual no es, ni mucho menos, el sentido común de una mujer migrante que no llega a fin de mes, de una niña trans que quiere vivir (tranquila) o de una mujer con diversidad mental que quiere ser madre.

Ésto es sólo mi opinión, pero mi sentido común me ha dicho que debía compartirla.

 

Mi sentido común me dice que jamás debería grabar una esvástica en la estatua del poeta, pero el sentido común de un nazi pensó que era justo lo que había que hacer para causar daño. 
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