Tranquilos todos, que aquí no cambia nada.

Y así estamos, después de que 5 sinvergüenzas violaran a una chica en Los Sanfermines de 2016, después de los asesinatos machistas que se suceden sin parar, después de los espacios machistas que salen cada vez más en televisión… seguimos, sin cambiar absolutamente nada.

Porque ante un caso de violación tan salvaje como el de Los Sanfermines, seguimos cuestionando a la víctima. Pero todo el mundo tranquilo, no voy a hablar sobre ese tema, otras lo han hecho ya, y mucho mejor que yo, como por ejemplo Anita Botwin en Contexto o Henar Álvarez en El Confidencial. 

Yo voy a escribir sobre educación y sobre coeducación. Sobre lo imprescindible y necesario que es educar desde la más tierna infancia a los niños para que entiendan que no tienen poder sobre el cuerpo de las niñas, y quienes penséis que estoy exagerando, me refiero, por ejemplo, al típico caso de los niños que juegan a levantar la falda a las niñas.

No, no me vengáis con que eso sólo pasaba en mi colegio porque no es verdad.

Era un juego vergonzoso, en el que nosotras teníamos que escondernos, defendernos, y ellos, pasaban a tu alrededor como si estuvieran en un encierro para poder levantarte la falda.

Jamás olvidaré la cara de una de las madres de esos chicos, a la que nos quejamos y ella dijo al resto de madres, con una sonrisa en la boca: «Pero si en el fondo les gusta, que lo se yo». Ahí, es cuando empieza la cultura de la violación.

Esa madre, podía haber dado una verdadera lección de coeducación y haber dicho: «Hijo, ven aquí, que te voy a contar una cosa: las niñas no están aquí para que tú te diviertas a su costa, no se deben a ti, ni a tus amigos, ni a tus juegos». Pero no pasó.

También recuerdo a un niño de mi clase que me perseguía, me hacía la vida completamente imposible, estaba todo el tiempo detrás de mi. Yo vivía una agonía, pero cuando me quejaba, mis profesoras monjas, su madre y todo el mundo me decía que era porque estaba enamorado de mi, y que «los que se pelean se desean». Sólo llegué a defenderme una vez, (un día le metí una patada en el recreo que voló, literalmente, y me siento muy orgullosa de ello) al final, me di por vencida y terminé siendo su protectora: era un niño difícil que ni las profesoras se hacían con él, así que me encargaba yo de él. Me sentaban a su lado todos los cursos y tenía que vigilarlo, ayudarlo… Pasé de defenderme, o po r lo menos, intentarlo, a someterme a él, obligada por el entorno.

Quizás, las profesoras podían haberlo llamado y decirle: «Mira, bonito, si quieres que una niña se enamore de ti, pegarla, agobiarla y acosarla no es la manera, es más, ella pasa de ti, así que déjala en paz». Pero no pasó.

Y así seguimos, viendo desde que éramos pequeños  y pequeñas, cómo en la series y películas, el gran héroe insiste e insiste hasta que por fin, mantiene relaciones sexuales con su «objeto» de deseo. Porque somos objetos. Y presiona, y «roba» besos, y obliga. Pero como lo «romantizan» todo, así estamos.

Y entonces pensamos que le debemos algo a alguien, y que si hablan con nosotras, nos invitan a algo, o son nuestras parejas, les debemos algo. Y ese algo es sexo, claro. Y tenemos adolescentes incapaces de distinguir lo que es sexo consentido, o no. Porque hay personas adultas que tampoco lo distinguen.

Hay mucho escrito acerca del consentimiento en la red como por ejemplo:

1. Te quedas hasta que acabe

comics-consentimiento-violacion-alli-kerkham-1

2. Una vez dijiste que podía

3. Dijiste que te gustaba

4. Dijiste que lo querías

5. Eres mi esposa y es tu deber

6. Me lo debes

7. Lo estás pidiendo

Estas viñetas son de Alli Kirkham y las he sacado de aquí , pero hay muchas circulando por la red.

Con ésto, quiero decir que no es difícil enseñar a los niños, niñas y jóvenes dónde están los límites con respecto a los demás. Que no es nada difícil entender qué es el consentimiento, y que en cualquier momento, tenemos derecho a decir no, y que se nos respete por ello.

Porque no es verdad que lo vayamos pidiendo ni provocando, porque ni la promiscuidad, ni nada, justifica que no se entienda un no. Porque los hombres no son animales salvajes, ni las mujeres gacelas esperando a ser cazadas. Enseñar desde la infancia modelos de relaciones sanos, no tóxicos, es esencial para acabar con el machismo, para conseguir que ninguna chica más tenga que verse en esta situación.

Y para acabar, para que a nadie le quepa ninguna duda: no hay un perfil ni un protocolo a seguir cuando eres violada o asaltada o agredida sexualmente: puedes llorar, gritar, deprimirte, salir, bailar, seguir teniendo sexo…puedes seguir con tu vida, como quieras o como puedas, aunque si me gustaría que supieras una cosa: NO ESTÁS SOLA.

Esta tarde, concentración en el Ministerio de Justicia a las 18:00.

¡Busca en tu localidad, seguro que hay!

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