El poder del lenguaje. Te voy a lavar la boca con amor.

Crecen las quejas sobre el tratamiento que reciben las noticias de violencia machista en los periódicos y televisiones, medios digitales, etc.

Se espera que se de información veraz, que no manipule y mucho menos, que no justifiquen al agresor o criminalicen a la víctima. Si una mujer es agredida, golpeada, violentada o, en última instancia, asesinada, jamás debemos asumir que ella fue la culpable, que ella fue quien motivó al agresor a hacerlo. Porque el agresor es el último responsable de sus actos.

Hace poco podíamos leer en un titular de un conocido medio digital, refiriéndose a los casos de abusos sexuales en Hollywood por parte de Harvey Weinstein, ésto:


Origen: Las mujeres que han terminado con la carrera de Harvey Weinstein

Resulta que son ellas, las mujeres que han sido agredidas por el productor, quienes han terminado con su carrera. No él, con su comportamiento de machista agresor y ejerciendo el abuso de poder.

Ellas.

Nosotras siempre las culpables.

En la página de RTVE encontramos una serie de recomendaciones para tratar las noticias de temas sensibles, como pueden ser estos casos de violencia de género. Si yo he podido encontrarlo, entiendo que cualquier periodista también puede hacerlo, y más teniendo en cuenta que durante los años de carrera tienen alguna asignatura de ética…

Origen: 5.5. Tratamiento de la violencia contra las mujeres | Manual de Estilo de la Corporación RTVE

Ahora además, estamos viviendo un proceso parecido a éste, pero con el acoso escolar y del que, por desgracia, no he encontrado recomendaciones la respecto en esa página.

En ocasiones, cuando se escriben artículos o se redactan noticias, no se ofrece información útil, se busca el sensacionalismo, se insiste en poner el foco, al igual que con las mujeres maltratadas en el «no había denunciado».

La denuncia no soluciona nada. En los casos de acoso escolar o de cyberacoso, ni siquiera es la primera opción a elegir: cuando se tienen indicios de que puede estar sucediendo un caso de bullying o acoso escolar, hay que recabar pruebas. El protocolo de actuación indica a los y las docentes, que a través de la observación, hay que conseguir pruebas que lo demuestren, ya que si se denuncia, pero luego no se demuestra que es acoso escolar, se podría estar incurriendo en una denuncia falsa.

Por eso, los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en lo que dicen y cómo lo dicen: no es lo mismo un caso de  agresión, un conflicto más o menos puntual o un caso de acoso escolar. Además, no podemos pretender acabar con el acoso escolar, si mientras un anuncio te dice que tenemos que ser valientes y defender al acosado o marginado, un programa o serie potencia, precisamente, todas esas cualidades que fomentan el matonismo: insultos, desprecios, burlas, humillaciones…

El lenguaje que utilizamos en casa, en el cole, en los medios de comunicación, no es ni mucho menos, inocuo. Tiene un poder, el poder de crear imaginario, de crear opinión… sabemos de sobra que lo que no se nombra no existe, y que una mentira repetida cien veces pasa a ser verdad.

También sabemos de sobra, que con nuestro propio lenguaje y vocabulario, influimos en los demás, sobre todo los medios de comunicación, pero…¿ y las familias y los equipos docentes? ¿Acaso como maestros y maestras no tenemos también esa posición de poder y privilegio frente al alumnado, que escucha y absorbe todo lo que decimos ( y lo que no decimos)?

Lo mismo pasa en las casas.

Esa misma responsabilidad que exigimos a medios de comunicación y personalidades influyentes, también debemos exigirla en nuestro entorno y a nosotros/as mismos/as.

Agresiones machistas, racistas y homófobas camufladas de bromas, expresiones que perpetúan estereotipos nocivos para la convivencia, somos nosotros/as quienes seguimos manteniendo esa forma de hablar en nuestro entorno. Y no es suficiente con ser conscientes de qué decimos y cómo, también tenemos que ser valientes y exigir que las personas que nos rodean cambien esas actitudes que perjudican a la colectividad, pero que además, perjudican a niños y niñas de forma individual. Porque siguen viviendo en ese ambiente retrógrado, opresor y tóxico y así, nunca vamos a salir de él.

Si queremos erradicar el acoso escolar y la violencia en cualquiera de sus formas, debemos erradicarla en primer lugar, de nuestra boca.

 

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