Qué pasa, capullo…

…o de cómo nos hemos acostumbrado a que los insultos sean nuestros compañeros de vida. 

Cada día, asisto perpleja a media hora de recreo en la que impera la ley de la selva, donde el más fuerte, es que más chilla, el qué más insulta y, oh, qué coincidencia, siempre lleva un balón.

Los patios de los colegios se han convertido…o mejor dicho, no ha dejado de serlo nunca, en dominio masculino, donde el balón el cetro de poder que todo quieren poseer. 

Emezeta.com

Resulta sobrecogedor que el 90% del espacio esté dominado por chicos (y cuatro chicas, menos mal) jugando al fútbol, y que el resto de niñas, y de niños que no siguen las normas sociales establecidas, ocupen un pequeño espacio y siempre alerta, porque los pelotazos parecen cañonazos. Cruzar el patio es un deporte de alto riesgo.

Sin embargo, a nadie parece importarle. Es normal y aceptado que los chicos tengan el balón, el espacio y el poder. Es normal que no dejen jugar a las chicas y que, si las dejan, no les pasen en balón, «porque juegan fatal», o que si fallan alguna jugada, se abalancen sobre ellas como fieras.

Y hablando de fieras, volvemos al título de este post: los insultos son la base de la relación de nuestros/as alumnos/as, con una incidencia entre los chicos muy generalizada,  porque no olvidemos que entre los chicos, la violencia está bien vista, observemos cómo se saludan los jóvenes o adultos, cuantas más palmadas efusivas y pseudo guantazos, mejor.

Ésto no es lo habitual, y por eso, llama la atención. (eldiario.es)

Los centros educativos son un espacio más donde impera el machismo y no se mueve un dedo para solventarlo.

Es evidente que la prohibición del fútbol no es la solución, pero quizás, el día sin balón, el fútbol femenino o cualquier otra iniciativa, debería ser tenida en cuenta para poder ayudar a que los colegios sean espacios libres de machismo, con perspectiva de género.

Con qué ayudas contamos para llevarlo a cabo?

Con ninguna.

Y no hablo de dinero, que para eso no hace falta. Hablo de un claustro implicado en el feminismo, en la inclusión y en la diversidad.

Nos escudamos en la comodidad: si tienen un balón, no dan guerra.

Nos escudamos en el falso respeto: si mal está obligar a jugar a quien no quiere, dejar sin jugar al que quiere también lo está.

Nos escudamos en el viejo machismo: qué exageradas sois.

Nos escudamos en el nuevo machismo: eso no es machismo, hay niñas que juegan.

Y nadie quiere «pringarse». Nadie quiere abrir los ojos a una sociedad que sigue relegando a la mujer y a quien no sigue los roles heteropatriarcales a los espacios mínimos, a donde no molesten y no sean un «problema», que parece que es lo que somos.

«¿Por qué si una mujer tiene confianza y es poderosa, la llaman bruja?» ( Taringa.net)

Por mi parte seguiré siendo una de las brujas del claustro que seguirán recordando que el machismo hay que eliminarlo de los centros educativos. Y no tenemos tiempo que perder. 

Docemiradas.net
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