Creencias erróneas sobre el acoso escolar.

Una de las razones más oídas por aquellas personas que no se quieren esforzar en luchar contra el acoso escolar es que son «cosas de niños».

Hay más creencias erróneas sobre el acoso escolar, como se recogen en Fénix, nadie se ríe de nadie y en muchos otros libros, cursos, etc. que hablan sobre acoso escolar, y son la siguientes:

  • Minimizar las agresiones entre iguales, el famoso «cosas de niños», «bromas»…
  • Estar seguros de que pasar por este tipo de situaciones refuerza el carácter: «más golpes le dará la vida», «así se hace fuerte».
  • Alentar a los niños y niñas a utilizar la violencia para defenderse: «si te pegan, ¡pegas!»
  • Establecer perfiles o colgar etiquetas no deseadas, ni el agresor es el malote o la malota de familia desestructurada siempre, ni la víctima es el niño o la niña con conductas antisociales.
  • Creer que son los medios de comunicación los que han «creado» o alimentado este problema. El acoso escolar ha existido siempre, pero los medios lo dan un altavoz, quizás no siempre de la manera más deseada.

Todas estas creencias, además de ser falsas, no dejan de ser preocupantes. Que una persona adulta justifique las agresiones y el acoso escolar amparándose en esas creencias o mitos sobre el acoso escolar, da, cuanto menos, miedo.

¿Por qué una persona querría que otra, un niño o una niña, sufriera agresiones, marginación, insultos…a diario?

¿De verdad creemos que eso puede reforzar el carácter?

Sabemos que las consecuencias de sufrir acoso escolar no son precisamente tener un carácter más fuerte y saber desenvolverse mejor en la vida…

Debemos llegar, primero como personas adultas, al convencimiento de que las agresiones, la violencia ( verbal o física) no son solución a nada, y que los modelos de relación que necesitamos han de ser sanos, para poder educar después a la infancia, para que entiendan que el acoso escolar es algo grave que marca a todos, agresores, víctimas y testigos, para su futuro.

Las consecuencias, repito, son para las tres partes implicadas:

Quien agrede, aprende a relacionarse así, en un plano de superioridad, de opresión hacia el otro.

Quien recibe las agresiones, se despoja de su autoestima hasta que asume que no vale nada, o que merece esos gritos, ese maltrato.

Quienes ven esa violencia a diario, aprenden a evadirse de los problemas de los demás, de los problemas que no les atañen directamente.

En todas las personas implicadas se produce un proceso de «despersonalización» que marca sus relaciones con los demás en su vida adulta.

Educar en prevención desde la infancia es la solución para evitar que estas situaciones se den a medida que van creciendo, porque valoran y respetan a quienes tienen a su alrededor y a si mismos/as.

No lo digo yo, lo dice Fénix 😉

dav
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