Autoestima de rebajas.

Ayer estuve en un centro comercial, primer día de rebajas, y había gente comprando. Hasta ahí nada raro. Sin embargo sucedió algo que me impactó. 

Delante de mi, en la cola de una de las tiendas, había una madre, una niña y la tía de la niña. Estaban hablando, muy animadas, la niña, que no tenía más de 7 años, se reía, participaba en la conversación. Nada llamativo. 

De repente dice: 

-Mamá, si encontramos una camiseta bonita, ¿me la puedes comprar? 

se queda callada y pensativa un segundo y añade: 

-Bueno, si es bonita y me entra… – Se encogió de hombros y le cambió la expresión de la cara profundamente. 

En ella vi resignación, tristeza, y un poco de incomprensión, también. 

Me dio una rabia infinita, porque la madre, en ningún momento hizo alusión a ese comentario. Ese comentario que pasó desapercibido para las adultas que estaban con las niñas, es crucial para darnos cuenta de lo que estamos haciendo a las niñas desde pequeñas.

De lo que nos han hecho.

No culpo a la madre. Ella ha sido educada igual, en un ambiente en el que la mujer tiene que entrar dentro de unos cánones y si no, no vales. 

Para nada. 

A (casi) todas nos han educado igual: la familia, el entorno, los medios… nos bombardean con cuerpos perfectos y casi imposibles y, si no somos así, prepárate para los insultos o los comentarios que vendrán. 

Yo hablo desde un cuerpo totalmente normativo, delgada, pero aún así, no ha habido problema para encontrar defectos desde mi infancia que se transformaron en complejos en seguida: orejas, nariz, poco pecho, vello…no me quiero imaginar el sufrimiento de las mujeres de mi alrededor que están, además, gordas. Y gordas están todas, porque si te sales de una…¿cuánto? ¿38? ya estás gorda. 

 

Y todo el mundo te dice lo que tienes que comer o no, lo que te tienes que poner, o no, cómo tienes que llevar el pelo, o no, para que «te favorezca». 

Pues yo he aprendido que lo que me favorece es hacer lo que me de la gana. 

Es llevar el pelo como me da la gana. 

Es vestir como me da la gana. 

Pero pasa una cosa, y es que no es fácil. 

Cada cosa que hago, que se sale un poco de la norma ( o un mucho) es un reto personal que conlleva un sobreesfuerzo. 

Es el agotamiento posterior de tener que dar explicaciones de por qué, porque la gente, te dice que por qué llevas eso, si no te favorece. 

Porqué te cortas el pelo así, si no te favorece. 

Porqué no se qué o por qué no se cuál. 


Y volvemos al tema de la educación a las niñas. 

Las mujeres adultas se pasan la vida hablando de comida, de dietas, de lo que engordan, lo que adelgazan, de los kilos que les sobran…y eso lo hacen, en infinidad de ocasiones, delante de las niñas, si no lo hacen diciéndole a las niñas que no coman ésto, que no se pongan lo otro. 

Y ahí, desde bien pequeñas, es donde nos cargamos la autoestima de las niñas, que aprenden que no son como deberían ser. 

Y lo peor de todo, es que para intentar serlo, ponemos en peligro nuestra salud. 

Bueno, quizás lo peor de todo, sea que cuando dices ésto, te crean exagerada, o te digan que nadie te obliga, o te digan que no es verdad…

Si algo me ha enseñado el feminismo, entre otras muchas cosas, es que lo que yo creía que eran problemas «míos» no lo son. 

Estos problemas o estas cosas, le pasan a muchísmas mujeres más, y cuando hablamos y contamos, encontramos patrones y se podría encontrar una solución. 


La que yo veo, es educar en autoestima a las niñas, para que no la tengamos por los suelos toda la vida, una autoestima de saldo, de esas cosas que se quedan tiradas y nadie compra. 

Porque no valen nada. 


Esa niña del centro comercial está a tiempo de salvarse, pero si nadie le dice que no pasa nada, que estar gorda no es malo, que estar delgada tampoco, ni tener mucho o poco pecho, que ser como una es, no es malo, que todos los cuerpo son válidos… no lo conseguirá y tendrá una relación terrible con la comida, con la ropa, con el espejo…y con ella misma.


Y nos vemos con 30 años juntando las piezas, recomponiéndonos, realizando pequeños actos a ojos de los demás que son batallas contra nosotras mismas, para recordarnos que nuestro cuerpo es nuestro, que es válido, que es importante. 

Y te pones el pelo rosa, porque te gusta el rosa, y punto. 

Y te pones pendientes en las orejas y en la nariz, a pesar de que llevas escuchando desde pequeña lo feas y grandes que las tienes. 

Y te pones lo que te da la gana. 

Y aunque lo llevas con orgullo, tu tiempo y esfuerzo te ha costado. 

Y recordad, que si a una niña de 7 años no le entra una camiseta, el problema no es la niña, es la camiseta

Cambiad la edad de la niña por la vuestra. La que sea. Siempre funciona.

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2 thoughts on “Autoestima de rebajas.

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